Tanga esclavitud gay

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Se sentó y ella se sentó sobre él. Deseaba estrangularla en ese momento, de hecho pudo hacerlo. Luego le ordenó que se tumbara para tumbarse encima de él, ahora le hizo mirarla sonreír, quería estar segura de que oyera unicamente el sonido de su voz, el de su asquerosa y diavólica hermana, y que observara perfectamente su sonrisa, sus ojos y su rostro en general… perfectamente maquillado.

Ella deslizaba tranquilamente su dedo índice sobre su cara. Su hermano conteplaba irremediablemente su rostro, escuchaba su voz, sentía sus caricias…. A cada beso que le daba se resignaba mas y mas. Adela introdujo el cepillo de su esclavo en la garganta de éste y empezó a cepillarle por dentro; le cepillaba sin contepmlaciones para causarle un dolor atroz. El sumiso se esforzaba por escapar, pero atado de esa forma fue totalmente imposible.

Finalmente, despues de una tortura infernal, las dos le dejaron solo para que recapacitara en su soledad. Yo Fresa, en posesión de todas mis facultades mentales…. Estaba reconociendo que tanto su hermana como las mujeres tenían todo el derecho del mundo a tratarle como su esclavo o como quisieran, al igual que él debía mostrar pleno respeto y obediencia a todas las féminas del mundo si así lo querían sus propietarias, y tenía la impresión de que ese era el capricho de Adela, al igual que él estaba realmente obligado a obedecer y pasarse toda la vida pagando por su comportamiento supuestamente inaceptable, durante toda su vida.

Pero a partir de ese día haría cualquier cosa que ellas le ordenaran, y lo haría con mucho gusto, porque se sentía muy mal y quería pagar por ello.

Finalmente le ordenó que besara de nuevo su hermoso rostro, cada beso que le daba su lealtad y deseos de obedecer crecían. Los dos estuvieron así bastante rato; hasta que se cansó de él y le ordenó que pusiera la mesa para servirles la cena a su ama y familia. Su familia acudió a la mesa y el esclavo les sirvió la cena, mientras pensaba en lo agradecido que estaba, porque le habrió los ojos.

Sin darse cuenta estaba siendo inducido con su perfume, y ahora se lo agradecía porque gracias a ella comprendió cual era su sitio, y su sitio era estar a los pies de una mujer, especialmente… de su familia. Pero él no obedeció, aunque se había comprometido a obedecerla, no quería volver a pasar por esta tortura. Ella castigaba esa zona moviendo constantemente el cepillo hacia fuera y hacia dentro, pero sin sacarlo del todo de la garganta.

Después de divertirse un rato con él, dejó que su tía le torturara como quisiera, luego Nadia; quien tenía curiosidad por saber si había aprendido a miccionar cuando debía y a controlarse. El esclavo acudió de inmediató, expulsó un chorro y salió de nuevo. De momento su prima estaba satisfecha, pero sólo era el principio, tiró de la cadena y le hizo miccionar hasta que ella le dijera; quería asegurarse de que tenía el control sobre la vejiga de su primo y esclavo, y decidir cuando podía miccionar y en qué cantidad.

En efecto, si ella decía que orinara él orinaba, si ella decía que parara él paraba. Sus ojos negros estaban cerrados.

Un leve movimiento de ella le incitó a disfrutar de ese momento de ternura, por lo que se decidió a acariciar con suavidad su espalda y le daba besitos en el cuello y los hombros.

Era su institutriz, profesora y dueña, y él era de su posesión, era lo que querría su hermana, esto le alegró. El sumiso acudió de inmediato a la habitación de su prima; se quedó encantado al ver el cuarto cuidadosamente decorado, la pared era de color violeta, los muebles y las cortinas eran moradas. Reconoció que tenía muy buen gusto si fue ella la que decoró su cuarto. Tenía una estantería llena de peluches.

La luz que entraba por la ventana le dejaba ver, su rostro, precioso, él lo rodeó y lo besó, primero su frente, luego su pómulo; esto le hacía disfrutar entregando su cariño. Se sentía feliz, enormemente feliz, había pasado de tener una vida llena de discusiones sin sentido con su familia, a una llena de sumisión y amor; gracias a que Adela le había hecho entender sus obligaciones, la forma en que debe hacer las cosas y a obedecerla, él se esforzaba en agradar con todo su cariño a ella, y si no a cualquier otra mujer, en este caso Nadia o Sofía.

Él aprovechó para acelerar sus besos en su cuerpo y abrazarla, era como una ventosa, ella poco a poco fue soltando su cabello. Sin pensarlo comenzó a acariciar su dorso, sin soltar sus manos alrededor de su piel, se giró un poco y comenzó a decirle que la adoraba.

Cuando se percataron del tiempo transcurrido, su prima empezó a despegarse de él. Ella le apretó para asfixiarle sin reparo, le asfixió con toda su rabia hasta que pensó que ya era suficiente. Un sentimiento de culpa le invadió en ese momento.

La vio salir con un pijama corto, de verano y rosa. Le ordenó que le preparara el desayuno, y que de camino a la cocina debía caminar a cuatro patas. Cuando llegó saludó a su tía. El sumiso terminó de praparar el desayuno y se lo llevó a Nadia; ella se lo tomó sentada, tomaba un café, unas galletas y un zumo de naranja. Inmediatamente, se puso el delantal, uno en color fresa que ella le regaló el día anterior; fregó, pasó un paño por la mesa, observó que todo estaba correcto y fue al salón.

Parecía bastante enfadada, su rostro no dejaba lugar a dudas, un castigo estaba por venir, le indicó que le trajera un vaso de agua. Ella acariciaba el vaso de agua con su dedo índice, por el borde haciendo círculos, la oía murmurar.

Nadia, que acababa de entrar, le dio otro vaso y le ordenó que se lo bebiera. Poco a poco bebió de él. Por cierto, como eres mi esclavo, quiero que te muevas por la casa a cuatro patas, exactamente igual que hacen los perros. Hizo lo que le ordenó, lavó el vaso y volvió al salón.

Su prima estaba totalmente hermosa, se daba cuenta de su total dominio sobre él y evidentemente estaba orgullosa; él la miraba desde la puerta, y veía sus labios. Delante de ella tomó sus pies, y empezó a besar sus dedos, pasaba sus labios entre ellos, los besaba uno a uno, luego empezó por por sus tobillos, subió a sus piernas. Él se sentía satisfecho de pasar la mañana a los pies de su prima, cuando llegó al pantalón del pijama pasó a la barriga, ella se divertía acariciando su cabeza como quien inspecciona su propiedad y él disfrutaba, después de darle unos pocos besos en el estómago pasó a besar su cuello, le encantaba, estaba besando a su prima, la prima de quien le estaba enseñando a vivir a los pies de una mujer.

Ahora era feliz sirviéndo a sus deseos, los deseos de su familia. Ella le mostró su zapatilla, color teja, con un bordado en su punta, de poco tacón, se lo acercó a la cara, olía a ella. Él se asustadba, y mucho. Ya hacía rato que el dolor había pasado a tratamiento, sus palabras le habían encendido otra vez, estar en posición de perrito, oír que aquí se cumplían sus normas y se trataba de lo que ellas quisieran.

De reojo veía a su hermana y tía, quienes estaban delante, las observaba moviéndose de un lado a otro, su barriga, sus muslos, sus piernas…. Dos amantes gays se follan a lo bestia El pervertido pasillo de los gay Gays practicando un poco de sadomasoquismo El club de los gays Un rato de sexo casero gay Chico gay masturba la descomunal polla de su amigo Policía gay se folla a un chico delincuente El profesor gay chupa la polla de uno de sus alumnos Sexo gay junto a la piscina Gays amantes del fetiche de pies Sexo gay en los barrios bajos Gays perdidos en la jungla Gays se follan en al patio trasero Esclavo gay sometido por todos sus amigos Dos gay se chupan las pollas en la cocina Dos gays se dan el lote en la sala Dos gays follan a lo bestia

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